Religión

Las malas traducciones que han cambiado la historia de la Biblia

Las malas traducciones que han cambiado la historia de la Biblia

El Santi Agudelo

abril 12th, 2018

0 Comments

Para cualquier religión, la creencia en aquello que dictan las “sagradas escrituras” no deja de ser un acto de fe. En la historia de Adán y Eva, la más antigua de la Biblia, se produjo un error que va más allá de cualquier convicción. Jamás existió una manzana como “fruto prohibido”, fue un error de traducción.

Para explicar bien esto, tenemos que remontarnos al siglo IV d. C., cuando el papa Dámaso I ordenó a su principal erudito de las escrituras, Jerónimo de Estridón, que tradujera la Biblia hebrea original al latín. Un proyecto revolucionario que le llevó a Jerónimo 15 años, y que resultó en la famosísima Vulgata canónica. Para ello, utilizó el latín hablado por el hombre común (para el pueblo llano), aunque había una pega: Jerónimo no dominaba el hebreo.

Como resultado de ello, el hombre confundió algunas palabras, siendo el más importante de los errores el que tenía que ver entre el sustantivo mālus (manzano) y el adjetivo malus (mal). Para ser exactos, originalmente en el Génesis dice: lignus scientiae boni et mali (“Dios indica a Adán y Eva que no deberán comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal”).

Sin embargo, Jerónimo utilizó erróneamente el término “mal” por “manzana”, de forma que el vulgo que empezó a leer la nueva versión de la Biblia ignoró las escrituras originales hebreas y se quedo con la manzana como fruto. Además, en la Biblia hebrea se usa un término genérico, peri, para la fruta que cuelga del Árbol del conocimiento del Bien y del Mal.

fruto-prohibido-la-z-urbana

No sólo eso, para complicar un poco más las cosas, la palabra malus en tiempos de Jerónimo (y durante mucho tiempo después) podía referirse a cualquier fruta que llevara semillas. Una pera, por ejemplo, era una especie de malus, o un melocotón. Así se explica que el fresco de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel tenga una serpiente enrollada alrededor de una higuera.

Bueno, no sólo pasó esto, en la misma traducción de la Biblia al latín, le puso “cuernos” a Moisés, en vez de “rayos de luz”. Lo que hoy conocemos como la Biblia Vulgata, en ella se dio el siguiente gazapo (Exodo 34, 29). Cuando Moisés bajada del Monte Sinaí, las escrituras hebreas narraban que “su rostro emitía rayos de luz”. El problema es que Jerónimo no tenía mucha idea de hebreo, así que equivocó la traducción del término “karan” (rayos de luz) por “keren” (cuernos), incluso esto se puede ver en la iglesia de San Pietro in Vincoli, Roma, donde se encuentra una de las esculturas más importantes de Miguel Ángel, su Moisés bíblico. Una obra fastuosa considerada por el propio artista como su mejor trabajo.

moises-la-z-urbana

Publicado por: @elsantiagudelo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *